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Peligrosa fuga química daña río en Paraná

Miles de productos químicos peligrosos se transportan diariamente en las carreteras de Brasil. Los más comunes son los líquidos inflamables y corrosivos, los materiales radiactivos, los explosivos, etc. Si cada día que pasa sabemos de más accidentes medioambientales, es hora de repensar el transporte de productos químicos peligrosos.

Un ejemplo de accidentes de este tipo fue el ocurrido a orillas del río São João, en Guaratuba, Paraná, con un camión que transportaba arseniuro de cobre cromado, producto utilizado en madera para la protección contra termitas y hongos.

Otra desgracia que podemos mencionar fue la ruptura de una tubería que resultó en 100 kg de peces muertos sacados de un arroyo después de un derrame ocurrido en Cubatão.

Estos no son hechos aislados, porque casos como este ocurren con mucha más frecuencia de lo que creemos.

Consecuencias del peligroso producto químico en el río São Joao

En el período de dos años, el río São João fue prohibido dos veces debido a accidentes relacionados con el transporte de productos químicos peligrosos.

Las medidas adoptadas inmediatamente fueron la de prohibir el baño, la pesca y el consumo. Por si fuera poco, se colocaron dos barreras de contención en el río para evitar que el elemento tóxico se propagara.

Vemos, entonces, que además del daño ambiental, la fuga de químicos peligrosos afecta a la sociedad que hace uso del río, así como a la fauna del sitio. En el caso concreto, la principal preocupación era que los metales pesados (arseniuro) llegaran al lecho del río.

En eventos como este, puede ser necesario hacer repoblación acuática, que está bajo la responsabilidad del transportista que el propietario del camión. La empresa involucrada ha estado utilizando un camión cisterna para eliminar el arsenida "grueso" del agua. De ello se deduce que:

  • El costo de la fuga de productos químicos peligrosos es muy alto;
  • Se cuestiona la responsabilidad social y ambiental del transportista;
  • Expone la necesidad de medidas más estrictas para controlar las cargas peligrosas;

Por un lado, las carreteras no son perfectas y necesitan obras estructurales y de señalización. Muchos ni siquiera deberían pasar camiones con cargas químicas peligrosas, pero, mientras tanto, es esencial contar con una señalización adecuada, varillas de contención y una prohibición de adelantamientos, por ejemplo.

Por otro lado, la formación profesional es capaz de reducir muchos daños en el momento del accidente. Solo la capacitación y la capacitación garantizan esta solución inmediata.

Sigue siendo necesario seguir vigilando la situación del medio ambiente contaminado. A menudo, la cadena tóxica causada no se mide, además, varios órganos del Poder Público desconocen la concentración real de material derramado existente en el lugar.

En el río São João, muchos peces están muriendo. Algunos sobrevivirán y en el futuro serán consumidos por la población local. Ahí radica una gran preocupación, que sólo el trabajo eficiente de las agencias responsables puede evitar.

Todo concesionario que porte productos químicos peligrosos, debido a la responsabilidad ambiental, debe capacitar a sus conductores con cursos relacionados con el tema, como el MOPP.

Adaptar el vehículo según las normas que regulan el transporte de productos químicos peligrosos, mantenerlo revisado y bien señalizado son algunas medidas para evitar accidentes y gastos mayores.

Los esfuerzos contra las fugas químicas peligrosas tienen que ir de la mano: tanto los servicios públicos como el Gobierno deben hacer lo que les corresponde. Por lo tanto, el medio ambiente puede verse ligeramente menos afectado por los numerosos accidentes causados por los seres humanos.

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